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LA CONSERVACIÓN DE LOS ÓRGANOS HISTÓRICOS

PROTECCIÓN Y DOCUMENTACIÓN DE LOS ÓRGANOS

suxLa conservación de los órganos empieza con su protección. Los órganos pueden desaparecer debido al deterioro que sufren por el paso del tiempo o por la acción de los desastres naturales tales como los temblores o incendios, frente a los que poco que se puede hacer para prevenirlos. Sin embargo, la amenaza más peligrosa hoy en día es la ignorancia, que puede llevar al daño o a la destrucción intencional de un órgano.  Combatir la ignorancia a través de la educación ha sido, sin duda, nuestro mayor desafío. En muchas comunidades, los órganos llevan años sin funcionar, sus habitantes ya no tienen recuerdos de su sonido ni saben que eran instrumentos musicales y sólo los ven como muebles viejos, apolillados y estorbosos.

 

En ocasiones, los órganos se desarman para reutilizar sus piezas: hemos encontrado componentes de órganos utilizados en la reparación de techos y retablos, para construir bardas y también en montones de basura cerca de la iglesia. Aún más peligrosos son los proyectos de “modernización” cuando la autoridad municipal o eclesiástica decide tirar a la basura todo lo que “se ve feo” o que “ya no sirve”. Así se han perdido un sinnúmero de tesoros históricos, no solamente órganos.

 

quiaEn 1999, más de doscientos templos oaxaqueños fueron severamente afectados a causa de dos fuertes terremotos. Algunos órganos se dañaron o se desarmaron al bajarlos de los coros altos con mecates y después volver a subirlos, una vez realizados los trabajos de reparación de los techos de las iglesias.

El fenómeno de la migración hacia el Norte ha reducido la población de los pueblos drásticamente, lo que, aunado a la escasez de sacerdotes ha provocado que muchos templos rara vez estén abiertos. A causa de esto, la gente ha perdido contacto con los muebles de sus propias iglesias lo que hemos podido constatar cuando nos acompañan al coro, donde muchos de ellos admiten que es la primera vez que suben y ven el órgano.

El IOHIO ha hecho más de cien viajes o visitas de campo a las comunidades para proteger, documentar y conservar los órganos. Este trabajo es permanente porque los órganos requieren de una revisión constante. Sólo esperamos que no haya sorpresas desagradables esperándonos si ha pasado mucho tiempo desde nuestra última visita. Nuestras actividades cuentan con la autorización del CONACULTA-INAH y el permiso de las autoridades locales, que generalmente están presentes mientras se realiza el trabajo.

Las medidas de protección incluyen lo siguiente:

  • El traslado del órgano a su posición original o a otro lugar seguro dentro de la iglesia si es que éste fue movido. 

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  • La comunicación con los arquitectos del INAH para que asesoren sobre la solución de los problemas estructurales de las iglesias que pudieran poner en riesgo a los órganos, sobre todo, en caso de temblores.

 

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  • La construcción de tapas de madera para cubrir los teclados que ya no las tienen y que en consecuencia, han perdido algunas o todas sus teclas. Estas tapas se barnizan o se pintan para combinar con el color original del órgano, sin pretender igualar el material histórico.

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  • La instalación de vallas de protección  por medio de postes conectados con cuerdas para delimitar el área alrededor de los órganos policromados y así protegerlos del vandalismo y de las personas que raspan la pintura, quitan piezas sueltas y/o pintan graffiti en la caja.

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  • La colocación sobre o cerca del órgano de una ficha que muestra el logotipo del CONACULTA-INAH señalando su autoridad como instancia protectora del patrimonio nacional en donde se indica lo siguiente: “El órgano histórico de (nombre de la comunidad) forma parte del patrimonio nacional y está protegido por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos. Cuídenlo porque es parte de la historia de su comunidad”.

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  • La colocación de una segunda ficha con el logotipo del IOHIO, la fecha de construcción del órgano y el nombre del constructor, si se conocen, las características especiales del órgano y las recomendaciones que la comunidad debe y no debe hacer para protegerlo y conservarlo, lo que se expresa de la siguiente manera:

                   SÍ--Restringir el acceso al coro y mantener el área limpia.

                   SÍ-- Instalar mallas en las ventanas y puertas de la iglesia para que no entren pájaros u otros animales.

                   SI--Tapar el órgano cuando se hacen obras de construcción o  remodelación en el templo..                                                   NO--Limpiar el órgano, excepto para desempolvarlo.

                   NO--Quitar piezas del órgano.

                   NO--Almacenar cosas ajenas al órgano en su interior o sobre los  fuelles.                                       

El objetivo principal es informar a la comunidad de que el órgano está protegido por ley y que no puede alterarse, modificarse, restaurarse, venderse o desmantelarse sin la autorización del INAH. Se dejan copias de las fichas en la oficina municipal o en el templo como una referencia.

Una vez asegurada la protección del órgano, se procede a su documentación. El IOHIO ha elaborado una base de datos para registrar información detallada de los órganos. La documentación incluye la toma de medidas y fotografías del órgano y sus componentes, un análisis descriptivo así como información histórica.

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Los datos se reparten en los siguientes campos:

registrar• Información general sobre el órgano
• Datos históricos e intervenciones
• Caja y tubos de la fachada
• Secretos y arcas de viento
• Teclados y su mecánica
• Acción de los registros
• Sistema de viento
• Tubería
• Disposición
• Templo y comunidad

 


CONSERVACIÓN DE LOS ÓRGANOS HISTÓRICOS

La conservación de un órgano se realiza en forma sistemática e incluye limpieza, medición, documentación fotográfica, análisis y montaje del órgano. Cada miembro del equipo de trabajo tiene una tarea específica, además de la colaboración general. Cuando se cuenta con la presencia de la organera Susan Tattershall en Oaxaca, ella supervisa el trabajo, capacita al personal del IOHIO en la organería y hace el análisis de la construcción del órgano; Peter Bryant se encarga de armar y ajustar la base de datos y se asegura que los campos estén actualizados; Ricardo Rodys, David Antonio Reyes, Joel Vásquez y Deborah Polhemus Ruiz hacen la limpieza del coro alto y realizan la medición de las partes del órgano; Rodys analiza las inscripciones históricas y Cecilia Winter registra la información en la base de datos a la vez que coordina las relaciones con la comunidad.

                       

                                             

Todo trabajo comienza con un aseo general del coro alto. La mayoría de los órganos se encuentran en comunidades rurales donde no han sido tocados por más de 50 años y por lo regular están muy sucios. Ya que la suciedad atrae animales, el deterioro se va acelerando. Además, si el órgano está abandonado o es utilizado para almacenar desperdicios, la comunidad no lo puede percibir como un objeto de valor que merece protección. Por lo tanto, uno de nuestros principales objetivos es hacer que el órgano se vea más presentable.

                

Una vez tomadas las fotografías de rigor, se sacan todos los objetos almacenados dentro de la caja, ya sea que estén o no, relacionados con el órgano. Posteriormente se limpia el interior de la caja que en algunos casos puede ser un trabajo difícil y desagradable. Se seleccionan las partes interiores de madera con mucho cuidado y se limpian minuciosamente. Se remueven los tubos si es factible y se lavan. Si son policromados, se desempolvan nada más. Se extienden en el piso y se ordenan de acuerdo con sus registros y el arreglo interior del órgano. Se limpian las teclas una por una con ligera humedad.

 

           

El exterior de la caja y los fuelles se limpian con ligera humedad o se desempolvan, dependiendo de si están decorados o no. Todos los componentes son fotografiados, medidos y analizados para entender la manufactura del órgano y registrados en la base de datos del IOHIO.

                         

A continuación, todas las partes del órgano se vuelven a colocar en su lugar y las piezas sueltas de la caja se fijan cuando es posible. Los tubos y otros componentes muy pequeños o dañados se almacenan en cajas que se colocan en el interior del órgano o en un lugar cercano como protección.

                         

Al menos un representante del municipio está siempre presente para observar nuestro trabajo, aunque en ocasiones nos han acompañado hasta treinta hombres, mujeres y niños en el coro. Por lo regular, la comunidad nos ayuda con los trabajos de conservación, subiendo y bajando cubetas de agua por la escalera del coro alto, limpiando piezas grandes y sencillas del órgano, sacando la basura y ordenando el coro al final del día.

                                       

                                                          

Siempre aprovechamos la oportunidad para platicar con ellos sobre el órgano, su funcionamiento, la relación con otros órganos oaxaqueños y la labor del IOHIO, a la vez que aprendemos de su comunidad. Ellos, por su parte, siempre quieren saber si se puede componer el órgano, cuanto va a costar y quién lo pagará. El momento más grato del día es cuando “presentamos” el órgano a la comunidad en un estado mejorado y más digno. A veces la transformación es notable, dejando a la gente asombrada por la belleza del órgano y el inesperado encuentro con el mundo de sus antepasados. Tenemos fe en que estas acciones garantizan que el órgano se mantendrá en un estado seguro y será cuidado y respetado hasta nuestra próxima visita.


 


 
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